Estudio de Argüelles, 14 de noviembre de 1980.
«Me preguntas por el encuadre y por la gracia del dibujo. Olvídate de la gracia. La gracia es un disfraz de la pereza. Cuando te enfrentes al blanco de la tela, procura sentir primero el peso de la habitación: el frío en las manos, el olor del aguarrás rancio, el silencio antes de que pase el primer tranvía. Si no hay tensión en la muñeca, el cuadro nace muerto.»
Esta carta, conservada en el epistolario privado del artista y donada por su familia a la Fundación, resume con una lucidez feroz el ideario estético que regiría toda su producción durante la década de los ochenta.