Durante los trabajos de revisión técnica llevados a cabo este invierno en el laboratorio de la Fundación, La Espera en Gris (1984) fue sometida a un estudio pormenorizado mediante reflectografía infrarroja y fluorescencia de rayos ultravioleta.
El objetivo principal no era solo certificar el estado de tensión de la tela de lino belga, sino comprender el proceso sustractivo que Fernando Vicente empleó para lograr esa densidad atmosférica tan característica.
Descubrimientos bajo la superficie
Las microcatas demostraron la presencia de un estrato preliminar de almagre y bermellón que el autor cubrió deliberadamente con sucesivas capas de gris de Payne y blanco de titanio ligado con aceite de linaza espesado al sol. Es esta base cálida soterrada la que genera la vibración óptica única del cuadro cuando recibe luz cenital.